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Llegaste, te miré. La vena se me infló, el cerebro se me alteró, late como el corazón. El cuerpo se me tensó, los músculos eran un nudo, sentí como una vibración se acercaba desde la tierra. Todo se oscurecía, yo me hinchaba más y más y mis pulmones no paran de retorcerse y moverse para poder seguir dándome aire. Me encierro. Me retuerzo. Las manos se me cierran, los pies se me achican... te acercaste dos centímetros más... y grité.
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