La mujer siente un dolor extremo en el pecho y siente como una sonrisa se dibuja dulcemente, pero... no, no es su voz la que doblega el silencio, es otra.Absorto en su propio corazon, el alma no ha escuchado las palabras que vinieron surcando distancias desde la misma boca.. desde otra alma. Lagrimas como espadas se deslizan por el rostro cansado.
A lo lejos, encerrados todavía por el alba gris, los monstruos se rearman fieramente en hilera para el ataque. Una guerra solitaria, con un resultado solitario es lo que espera ahora a María.
"No puedo ir contigo", le dice al mar como un susurro y baja el rostro.
La mujer vuelve a mirar al enemigo sin rostro que se le antoja mas fiero que nunca. ¿Qué perderá esta vez?. Sin dejar de mirar se calza las botas y el peto cruzado de hilos de sueños rotos.
Una espada ajada en su mano y una capa de invisible adolescencia le cubre el cuerpo tiritante.
El mar la vuelve a mirar con una dosis extra de ternura, como si nunca mas la fuese a ver... Y ella se hunde. Un momento exacto para reconocerse en las curvas de la muerte que les llevaban a casa.
"Llegará tu primavera, María, recuérdalo" le dice asintiendo con la cabeza al amparo de un corazon silencioso y luego, con la resolución del que sabe que puede perder lo que recogió una madrugada donde la Tierra acaba, con el convencimiento de que ya nada duele, que ya dolio demasiado en su momento y de que toda una vida de felicidad que ganar la espera al otro lado de la playa se dirige a la batalla y a su trabajo de forma compartida.
Gritos. Choque. Espadas. Sangre. Silencio. Nada. Nada. Nada.
( María.. tú )




