
Se llamaba Jim y estaba enfadado con Marisa porque esta,al parecer,no había pasado la noche con él.
- No sé por qué no me dices dónde estuviste - repetía el una y otra vez.
- Por que no es asunto tuyo, por eso.
- Pero yo pensaba que íbamos a cenar juntos.
- Jimmy, ya te dije que no.
- No, me dijiste que sí. Y yo te esperé en el hotel. Toda la noche.
- Y qué? Nadie te obligó. Podías marcharte y pasártelo bien.
- Pero te esperaba.
- Jimmy, no eres mi dueño.- Exasperada, suspiraba, levantaba las manos o se daba palmadas en las rodillas desnudas. Tenía las piernas cruzadas y se le había subido mucho la falda -. Yo hago lo que se me da la gana.
- Eso está claro.
- Sí - dijo ella, y en ese momento se volvió hacia Marshall -. Qué es eso que lees? Parece muy complicado.