27 de febrero de 2009


Una vez rota la garganta con las palabras que se tejieron en lugares distintos, con ojos distintos, con mentes distintas, María mira al vacio.
El mar la mira a su vez y solo pronuncia un nombre, "María... tú". Lo hace casi sin mover los labios, traspasando los ojos de la Buscadora de Agujas que se quedaron quietos sobre el metal del mar.
La mujer sonríe debilmente, casi con dolor y asiente con la cabeza "Sólo quiero que me vean como alguien, no quiero más pedestales" se dice entre susurros.

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